En España la pluviometría media no es muy abundante, pero en ocasiones se
presentan precipitaciones que, en pocas horas, alcanzan valores superiores al promedio. Estas
lluvias extraordinarias provocan caudales extremos, habitualmente denominados crecidas, avenidas o
riadas, que al desbordar su cauce habitual provocan la inundación de terrenos, afectando a personas
y bienes.
La gran desproporción entre los caudales ordinarios y extraordinarios de
algunos ríos hace que el problema de las inundaciones revista en España una especial
gravedad.
La pluviometría más torrencial se desarrolla a lo largo de los litorales
mediterráneo y cantábrico, Pirineos, y divisorias del Guadiana y Tajo, produciéndose en las dos
mesetas una lluvia en general más uniforme. Sin embargo, se pueden encontrar episodios aislados a
lo largo de todo el territorio.
Aunque las crecidas son, en su origen, un fenómeno natural eminentemente
físico e hidrológico (respuesta de caudales altos a las fuertes tormentas), en su desarrollo sobre
zonas donde hay actividades humanas se convierten en un problema territorial, con amplias
repercusiones socioeconómicas.