Un TSUNAMI (del japonés TSU: puerto o bahía, NAMI: ola) es una ola o serie de
olas que se producen en una masa de agua al ser empujada violentamente por una fuerza que la
desplaza verticalmente. Un tsunami puede ser provocado por terremotos, volcanes, derrumbes costeros
o subterráneos, explosiones de gran magnitud o incluso meteoritos.
Aunque antiguamente se les llamaba “marejadas”, “maremotos” u “ondas sísmicas marinas”, estos
términos han ido quedando obsoletos, ya que no describen adecuadamente el fenómeno. Los dos
primeros implican movimientos de marea, que es un fenómeno diferente y que tiene que ver con la
atracción gravitacional ejercida por los planetas, el sol y especialmente la luna. Las ondas
sísmicas, por otra parte, implican un terremoto y ya se ha comentado que hay varias otras causas de
tsunami.
Un tsunami generalmente no es sentido por las embarcaciones en alta mar (las olas en alta mar
son pequeñas) ni puede visualizarse desde la altura de un avión volando sobre el mar.
Como puede suponerse, los tsunamis pueden ser ocasionados por terremotos locales o por
terremotos ocurridos a considerable distancia. De ambos, los primeros son los que producen daños
más devastadores debido a que no se cuenta con tiempo suficiente para evacuar la zona (generalmente
se producen entre 10 y 20 minutos después del terremoto) y a que el terremoto por sí mismo genera
terror y caos que hacen muy difícil organizar una evacuación ordenada.
Zonas con Riesgo de Tsunami
Los terremotos que originan tsunamis usualmente están asociados a zonas de subducción. Dado que muchas zonas de subducción se encuentran bordeando la cuenca del Pacífico, la gran mayoría de los tsunamis ha ocurrido ese océano. Las mayores concentraciones de tsunamis están bién definidas: América del Sur y Central, Alaska, Islas Aleutianas, Península de Kamchatka, Islas Kuriles, Japón y el Pacífico Suroeste.
En las costas españolas también existe riesgo de tsunamis. Históricamente se
tiene constancia de tsunamis de efectos desastrosos en la costa atlántica suroccidental (zona de
Huelva, Cádiz, Estrecho de Gibraltar y Canarias) como el tsunami asociado al terremoto de Lisboa
(1755) que sólo en Portugal provocó miles de muertos. Las ondas sísmicas causadas por el terremoto
fueron sentidas a través de Europa hasta Finlandia y África del Norte. Tsunamis de hasta 20 m de
altura barrieron la costa del Norte de África, y golpearon las islas de Martinica y Barbados al
otro lado del Atlántico. Un tsunami de 3 m golpeó también la costa meridional inglesa. En España
produjo al menos 1.275 muertos y abundantes daños. En Sevilla hubo nueve víctimas, el 89% de las
viviendas resultaron dañadas y afectó incluso a la Giralda. El tsunami posterior afectó gravemente
a las costas de Huelva y Cádiz. En Ayamonte murieron 1.000 personas; en Cádiz las olas rompieron
las murallas, y el mar invadió la ciudad hasta tres veces, ocasionando numerosas víctimas. Conil
fue destruida, Sanlúcar de Barrameda, El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera sufrieron
víctimas y desperfectos.
De igual forma se sabe de la existencia de tsunamis de efectos no desastrosos. Estos han
provocado la inundación de zonas bajas y problemas de operación en puertos de la costa
mediterránea, como ocurrió en Baleares debido al tsunami generado por el terremoto de Argelia
(2003).
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